Entre cielo y tierra pasan los días, las palabras y los vientos. Pasan las horas virginales, inmaculadas libres de todo pecado y misterio, libres de los engaños, libres las mentiras y libres de la prostitución comunicativa.
Entre el cielo y la tierra pensé que había conocido un ángel, digno de confianza, digno de ser amado, digno de amar. Pensé que había conocido la lealtad y la vida, la plenitud bien sencilla, bien chiquita, bien compacta. Pensé que había conocido la funcionalidad de todos los sistemas emocionales, pensé que había llegado ese tan añorado momento de tranquilidad donde sin miedo iba a poder aferrarme a las alas del viento y saltar para volar tan alto como aquél fénix que una noche escapó de mis manos.
¿Por qué tiendo a sentir que algo se me escapa y cuando descubro lo que es, resulta ser al contrario?
Me encontré buscándote tantas veces que hoy ya perdí la cuenta, me encontré buscándote dentro de mis bolsillos, dentro de mi ropa, bajo mi almohada, buscándote en las formas diversas y aleatorias de cada nube que me puse a mirar, buscándote bajo cada gota de agua y siempre me encontré con nada; me encontré hablándole a extraños, preguntado si quizá reconocerían tu rostro, hablando con las paredes y como es costumbre, mis palabras quedaron flotando, llenas de preguntas, de expectativas... llenas de tanta espuma que me generaba la rabia, nadie ni nada dijo nunca algo, nunca nada.
Considerando lentamente cada pequeña analogía que pudiera usar para describir el vacío que tengo hace varios meses desde que borraste tus sonrisas de mis ojos, tus abrazos de mis brazos, tu voz de mis oídos, tus lágrimas de mis hombros y simplemente concluí que te apagaste, te apagaste en mi ser como una fogatica tenue que con dificultades siempre resueltas siempre brillaba y me calentaba el alma, y aunque soplé y soplé casi tanto como un lobito intentando derrumbar una casa de paja, no pude hacer que las cenizas de mi fogata [tú] se encendieran de nuevo, por más que lloré y grité al cielo una pequeña chispa, todo fue un ensayo de error y el viento se las llevó frente a mis ojos, lentamente, sin avisarme y siempre delizándose entre mis dedos... ¿Cómo pude ser tan ciega?
Quizás sobre ofrecer una disculpa o aceptar tu perdón, naturalmente no puedo cambiar y siempre tan noble, tan particular y diferente y no podría simplemente hacer una pausa en mi caja de recuerdos imaginaria y en mi corazón, no podría negarte un "te amo" aún cuando no me sale decírtelo a ti directamente.
"We live together, we die together"; aunque no necesariamente terminará siendo literal, sino moriré contigo en mi mente, en mis recuerdos y en mi piel. Moriré con tu amistad infinita que me amarra a la cruda realidad de manera tal que cuando me vaya, te quedes atrás y quizás entonces puedas valorar los lazos inquebrantables que implica una amistad, la lealtad y la complicidad.