El cielo se empieza a desvanecer y yo no lo entiendo.
No entiendo el día ni la hora en que permitimos no volver a vernos.
Vernos se transforma en mis ilusiones plasmadas en un contexto real.
La realidad es tan efímera, tan cínica... como el día en que por primera vez te vi, una tarde, una tarde no muy soleada pero igualmente hermosa, como las flores, como esa flor, esa mirada inocente pero pícara que se clavó en mi mente, como esa mentalidad de niña, ese cuerpo de mujer...
Esa dulzura siniestra, esa facilidad de enamorarme, esa felicidad desbordante, ese amor, esas ganas de temer tus miedos, de probar tus lágrimas, esperarte (de nuevo), esperarte como espero, lograrlo una vez, ¿por qué no cien?
Miles de momentos, resumidos a uno: te extraño.
Miles de sensasiones, resumidas a una: te amo.
Volaré en mis sueños, en silencio, sublime, gritando con toda mi fuerza al viento, buscando entablar conversación con los pájaros o los árboles, no importa si me equivoco otra vez, encontrar paz en la miseria.
En las noches pedirle al cielo, con ojos llorosos, que te cuide, que te reserve como eres, que no te toquen, que no te dañen, que me cedan tus dolores, tus males, tus encuentros fortuitos con la desgracia...
Poder vernos en sueños, poder robarte un beso, recordarte sin palabras, recordarte en secreto, anhelar que sea mañana, anhelar que sea para siempre, buscar esos momentos donde todo es claro, donde todo es raro, donde te quedas en mi mente, me acompañas en la noche mientras duermo y a la mañana siguiente, simplemente desapareces.
Entender tu criterio y construirte un cielo, regalártelo porque es tuyo (mi corazón), me pertenece, tomarte te la mano, caminar por el aire, dejarte volar, dejarte ir.
(Dejar de sentir).
domingo, 27 de junio de 2010
martes, 8 de junio de 2010
El monstruo
No hay explicación, no hay motivo.
Las pretenciones se basaban en eso exactamente, en pretender... Pretendía alcanzar un nivel de éxtasis nunca antes conocido, las pretenciones se basaron en hacerme pretender un corazón que no merezco, un corazón ajeno, en hacerme pretender que las decisiones tendrían la conclusión que siempre quise... No fue así.
Las personas me preguntan una y otra vez: "¿Te arrepientes?"
NO.
No me arrepiento de nada en absoluto, claro que hay cosas que uno piensa y que quizá no hubiera hecho, ya lo hice, ¿qué puedo hacer?
Si las mentiras se convierten en verdades, la mitomanía se hace parte del diario vivir y las sensaciones se arremolinan en un estado de poca lucidez, no hay nada.
Sé que no es concreto y nada tiene sentido, pero al final... ¿Qué lo tiene?
El pasado es ahora, el futuro también lo es, entonces ¿dónde se supone que está el presente?
Son miles de preguntas las que me hago, empezando porque no entiendo bien cómo me siento, porque no sé qué espero... y lo que quiero no lo tengo, no lo puedo tener, entonces, esa tendencia a escribir mi propio destino se cuestiona en el momento de actuar, ¿qué está bien, qué está mal?
No hay nada... nada es todo... Todo existe, la nada se lo lleva.
El viento se transforma en un huracán, un huracán de sentimientos y de sinfonías eróticas y las canciones de antaño, las que solían hacerme sentir mejor se convierten en mis lamentos propios de autocompasión, de entendimiento.
Estoy bien, aclaro, me siento bien... la parte que no entiendo es por qué me siento bien si el corazón amenaza con llorar cada que respiro y a veces el pensar es tan tortuoso...
Las pretenciones se basaban en eso exactamente, en pretender... Pretendía alcanzar un nivel de éxtasis nunca antes conocido, las pretenciones se basaron en hacerme pretender un corazón que no merezco, un corazón ajeno, en hacerme pretender que las decisiones tendrían la conclusión que siempre quise... No fue así.
Las personas me preguntan una y otra vez: "¿Te arrepientes?"
NO.
No me arrepiento de nada en absoluto, claro que hay cosas que uno piensa y que quizá no hubiera hecho, ya lo hice, ¿qué puedo hacer?
Si las mentiras se convierten en verdades, la mitomanía se hace parte del diario vivir y las sensaciones se arremolinan en un estado de poca lucidez, no hay nada.
Sé que no es concreto y nada tiene sentido, pero al final... ¿Qué lo tiene?
El pasado es ahora, el futuro también lo es, entonces ¿dónde se supone que está el presente?
Son miles de preguntas las que me hago, empezando porque no entiendo bien cómo me siento, porque no sé qué espero... y lo que quiero no lo tengo, no lo puedo tener, entonces, esa tendencia a escribir mi propio destino se cuestiona en el momento de actuar, ¿qué está bien, qué está mal?
No hay nada... nada es todo... Todo existe, la nada se lo lleva.
El viento se transforma en un huracán, un huracán de sentimientos y de sinfonías eróticas y las canciones de antaño, las que solían hacerme sentir mejor se convierten en mis lamentos propios de autocompasión, de entendimiento.
Estoy bien, aclaro, me siento bien... la parte que no entiendo es por qué me siento bien si el corazón amenaza con llorar cada que respiro y a veces el pensar es tan tortuoso...
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