domingo, 28 de noviembre de 2010

Un cálido día

Han sido más de 6 millones de emociones en un solo día, ¿qué es eso que tienen los domingos?
Una respuesta, una decisión, un recordar...
Han sido quizá más cosas de las que esperaba tener por decir en solamente un día, pero saben, lectores, hoy no me siento mal, no me siento ajena a mis emociones, menos a mis expectativas, no siento que deba callar, no siento que deba decir, hoy ha sido un día lleno de acciones, lleno de experiencias casi que reveladoras, he conocido un poco más de mí, un poco más de ella y algo de esa persona que no conozco aún.
Sinceré esos deseos que se encontraban estampillados bajo mi pecho, fui capaz de recoger de la basura aquellas cositas pequeñas, especiales que me dan el toque de sutilidad, de romance, esa lengua dulce que se atropella al hablar, al decirte miles de cosas pero concluyendo en nada...

Me gustaría perderme en sus ojos, guardarme en fotos cada pequeño instante a su lado, conservar sus besos en mi piel, enredarme en sus canciones & en sus pensamientos, calarme tan dentro suyo, hasta los huesos, preguntarle qué pasaría si con un beso dejo un hueco en su pecho con una forma extraña, si permito que con su mano se aferre a mí y juntas amarremos la luna y adornemos nuestros corazones...

¿Quién?
Bueno, será ella o quizá la que venga, será nadie, será quizás un anhelo de un domingo cálido, de un domingo de vacaciones tan clarito como el agua, tan clarito como el cielo en verano, no tengo afán, puede que a veces la soledad pueda más, que a veces los impulsos, el mismo alcohol, esos momentos descontrolados de... já! Pero en fin, ella ha sido un sueño siempre y no ha llegado, tal vez encontré pedazos de ella en otras, pero ella... ella es, será, será lo único que tendré siempre, y mientras viene, sabré esperar.

¿Tarde? Pretendo.

¿Tarde?
Quizá tenga razón, quizá fue tarde.
Quizá siempre lo fue, quizá nunca pasó, no debió.
Pero, ¿tarde?
Sí, lo es.

No me esforcé nunca (y jamás lo haré) por abrirle a ella ni a nadie eso tan interno, ese misterio, ese secreto, no intenté siquiera buscarle por un momento en momentos de necesidad, quizá sí se me hizo tarde para necesitarla.

Puede ser que un día la miré a los ojos como nadie jamás lo hará ni lo hizo antes nadie, puede que mientras me adentraba lentamente en su cuerpo la hice estremecer como nunca antes, quizá, quizá... Quizá no se me hizo tarde, a lo mejor fue un sentimiento perfectamente egoista como el que ahora tengo.
Que se vaya lejos, que vuele tan alto como lo desee, no hay ni hubo cuerda, pues no fue mía, no lo es ni lo será, no me duele su distancia ni su viaje, me duele eso exactamente, eso que a ella tanto le disgustaba, me duele el centro de lo que soy, me duele ese cuchillo de doble filo que llevo marcado a un nivel innombrable, que me ha cortado el alma, que ha marcado mis instancias.
Seguro que ella sabe a qué me refiero.

Una vez más siento que se equivoca, pareciera estar intentando entrar en mi cerebro, en desmenuzar cada una de mis acciones e intentar entenderlas, cómo me pesa, cómo me pesa que lo haga, sabe que dentro de míno hay más que un manojo de enredaderas, que un manojo de espinas, ella seguramente creó su percepción sobre mí, ella seguramente estableció sus propias conclusiones con respecto a lo que hago, a lo que no, buscó una excusa para darme comprensión, por dársela a ella, ¡qué error! Sin embargo sabe que no haré nada, ella es libre de mí, libre de sí, libre de pensar e imaginar tanto como quiera, por tener sus conceptos personales por más que se equivoque...

Nunca lo sabrá, mis secretos están a salvo, lo están acá bajo mi almohada, acá en mi cuerpo & mi cabeza. Lo que sabe de mí, es ella, lo que tiene mío, es ella... Pero, ¿tarde?
Quizá fue tarde para ella darse cuenta de quién estuvo a su lado.

Ella definitivamente no supo ver qué había en mis ojos, qué era eso que siempre callé, ella se convenció de lo que quiso, supongo estará bien, supongo... Supongo. Supongo como ella supone, cuestiono como ella lo hace, pretendo, que no me engaño, que no la quiero perder, pero ella pretende ser el foco, pretendió.
Por eso no pretendo decirle adiós porque haya sido tarde, pretendo decirle adiós porque no ha sido tarde ni quiero que lo sea, pretendo decirle adiós porque más que tarde, fue el tiempo exacto de alejarme, de alejarla.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

¡Qué imbécil!

¡Qué imbécil!
Qué imbécil me siento al sentarme de nuevo tras esta pantalla, al esconder todo lo que me está brutalizando y violentando por dentro, qué imbécil mirar hacia atrás y sentirme tan en el presente, qué triste pasar por encima del pasado, atropellar el tiempo y los deseos cohibidos, apretados tras esa estúpida barrera inquebrantable, qué imbécil, qué imbécil conocer ambas caras de la moneda, saber que se llaman igual, saber que son lo más grande y lo más pequeño, saber que son la gloria y el infierno, no poder bajar por una maldita vez la cabeza, no abrir la maldita puerta...

¡Qué imbécil!
Qué imbécil, de nuevo de pie frente a la ventana preguntándome qué habrá después de ella, qué imbécil, te perdí, qué imbécil, el orgullo me pudo y me puede más, preferí huir, cobarde (contradictorio), preferí callarme una vez más y simplemente pedir perdón, como siempre... Esa maldita mala costumbre, esa maldita rutina de vez en vez, esos cuartos de hora vomitivos, esos pequeños instantes donde satisfago mis rencores & mis miedos, de nuevo, ¡qué imbécil!

¿Cómo carajo pretendo engañar al resto si no puedo engañarme del todo a mí?
Dime, ¿tan poco me conoces que no sabes distinguir mis sonrisas hipócritas, mi falta de palabras, de profundidad?
¡Qué imbécil!
¿Cómo espero que lo hagas si siempre evité que supieras quién soy?

(...)

Vamos a contar, vamos a jugar.
Vamos a ignorar por un momento que ya no estás, que no estamos, vamos a ignorarlo, vamos a suponer y a preguntarnos, ¿qué hubiera pasado si de repente, fuera como fuera, hubiera expresado mis trivialidades ante ti, si te hubiera contado todo eso que habita en mí? ¿Hubiera servido de algo? ¿Habría cambiado algo?

(...)

¡Qué imbécil!
Qué ridícula me veo gritándole a los espejos, quizá esperando que alguien grite de vuelta, tan ridícula como cuando golpeo las paredes esperando un puño de vuelta..
Todo lo que quiero, no lo conozco, todo lo que extraño, está tan cerca como lo está el teléfono, todo lo que odio, está al otro lado de la línea, todo lo que quise, se fue con ella, pero son esos hachazos tan llenos de veneno que me cortan el alma, esas punzadas poco constantes pero seriamente abrumadoras las que me obligan a ser tan débil como un hilo sobre un cuchillo, a botar a la mierda la experiencia & el tiempo, a romper mi línea recta de cordialidad...

Qué imbécil... pero igual, igual que siempre, te diré, lo siento.