En silencio vivieron horas, meses y años. En silencio y siempre cerca, tan cerca quizás como el agua y el aceite que aunque juntos, no se mezclan. En silencio se hablaron y se manosearon, masturbaron sus cerebros con palabras que nunca escucharon. En silencio ella se enamoró y él al parecer le mintió. En silencio se fumaron, se besaron, se mataron, en silencio se dejaron y la pausa estuvo acompañada de silencio, de palabras sin criterio.
Ella, se sentía bien, tranquila porque al fin sus pesadillas se quedaban en silencio mientras él por su parte se prostituía y violentaba sus propios secretos, nunca habló y nadie supo del horror de sus silencio.
Por las noches se encontraban y seguramente se miraban tentados a romper el hielo, pero orgullosos y bien estúpidos, como siempre emanaban el silencio, se insultaban y ella inevitablemente se preguntaba si algo de eso que sentía era cierto, podía ser cuestión de tiempo, de evitación o por supuesto, de silencio; no supo entonces que para él había sido un juego, una especializada carta de mentiras jugosas y deliciosas que llegaron a boca de ella, le besaron, la lamieron y obvio, la engañaron. ¿Cómo pudo mantenerse en silencio?
Él y ella, al pasar los días que tachaban en el calendario, se apagaron y murieron, vivieron para siempre en el silencio y las imágenes, canciones, cartas y mal habidas pasiones súbitamente se callaron, se cayeron, se rompieron y se perdieron... tantas veces, que ella un día se cansó de reparar los daños del silencio de los labios de aquél, su distante amado había creado, permitió la entrada del fracaso y así, barrió sola sus pedazos, se levantó del suelo y aunque sus mudas palabras no son lo correcto, debe desprenderse del afecto y de aquello que durante significativos días mantuvo en silencio.
sábado, 26 de mayo de 2012
lunes, 14 de mayo de 2012
Poesía.
Viento sobre mi piel y mi pelo, canciones, composiciones y simplemente palabras bonitas que se acumulan como un millón de estrellas en lo alto del firmamento para recordarme por momentos que patinar sobre hielo resulta más seguro que andas a pie con un par de buenos zapatos sobre tierra firme.
¿Dónde me quedé?
Tengo la sensación de haber perdido la conciencia algunos minutos, quizás me dormí y no pude darme cuenta de ello, me hundí en un sueño profundo del que me ha sido difícil despertar y siento como algunas agujas se clavan fuerte sobre mi espalda y me rayan el cuerpo, el alma. Creo que me salté un pedazo bien importante de la historia mal escrita que he estado leyendo por un par de meses y no estoy segura de si la diferencia la marcó un punto seguido o un punto final. ¡Qué grave asunto!
Me sentí inmortal, invencible al tiempo y los recuerdos. Llegué a pensar que quizás los sentimientos podrían ir primero y que tantas poesías bastarían para hacer adornos a tu cuerpo y a tu cielo, pero no comprendiste uno solo de mis versos aburridos y mal hechos, poco profundos y siempre tan sinceros. Pensé que la monotonía de las palabras lanzadas sin experiencia al aire serían tan simples como su esencia misma y pondrían a tu historia ese signo que refundí entre maldiciones y besos que no llegué a probar, entre planes e ideas que una noche de alcohol y tristeza dejé en algún cajón que hoy ya no encuentro, perdiéntote a ti entre ellos. Trato y trato de recordar ese momento, ese maldito momento en que tan enorme trozo de mi vida falleció ante mis ojos y entre mis dedos y se quedó inerte allí con una bien extraña sonrisa triste, de esas que los desdichados payasos regalan al mundo por obtener algo que alimente aunque sea una levedad de su ser.
Algunos violines que me recuerdan mi pasado cobran vida en mis oídos y hacen que se me ericen los pelitos de los brazos y siento escalofríos y sigo tocando con mis dedos aquellas pistas escurridizas que cuanto más cerca las tengo, más se alejan; las cuerdas se rompen sin clemencia y rasgan el linde entre lo que dices y lo que es verdad. Así es la música. Así es tu voz.
Terminé incinerando el tiempo y las agujas del reloj bajo noches enteras de frío y lluvia donde cada gota sobre mi pecho parecía una pregunta más que a medida que se confundía con el color de mi piel perdía su respuesta. Así han sido muchas y ya no veo el principio o el final. Estoy cansada y el panorama me ha cansado al fin, correr en círculos buscando quizás aquella línea recta que insertara mi vida en el sendero correcto ya fue demasiado y ahora solo me quedo en el centro mirando al frente donde todo se mantiene igual que el minuto anterior, ese minuto que aún no encuentro, ese fragmento que quemé contra mis huesos y que sin tenerlo, ahora tiene sentido, y lo valoro.
Levanté mi pesadez del suelo y me estrellé contra el armario, sí, ese armario donde a ratos escondía mis miedos para que no salieran a perturbar mi privacidad y mi sueño, pero esta vez decidí meterme allí con ellos y buscar entenderlos y no ha sido una tarea fácil. Sin embargo, mientras buscaba quizás eso que perdí cuando mi conciencia me falló entre miedos y basuras, cartas y colores, encontré trozos de papel viejo, gastado y algo húmedo, papel con tinta y algunas letras que tenían tu nombre y no pude evitar sentarme a ver qué se leía en ellos. La respuesta, ya la sabes. Dos palabras, repetidas en millones de veces, formas, idiomas, colores, errores. Dos palabras que ya no puedo mencionar sin sentir como el corazón que tengo justo en la espalda de mi pecho me arde como el fuego mismo que quemó al tiempo, que guió el veneno y se llevó cada partícula de mí. Me sentí emocionada y algo nostálgica, y nuevamente, no te encuentro, pensé que hallaría el maldito cajón que desapareció de mi interior. Dime, ¿dónde coño está?
Supongo que a medida que examino cada uno de mis pasos encuentro cristales rotos y respondo tan interesante pregunta que me planteé más arriba: "¿Dónde me quedé?" Parece que me quedé contigo en nada y en el hielo, andando descalza sintiendo el frío entrar bien adentro en mis huesos, el frío de tu amor, el frío de tu cuerpo. Me quedé contigo, allá, donde no puedo recordar siquiera estar.
¿Dónde me quedé?
Tengo la sensación de haber perdido la conciencia algunos minutos, quizás me dormí y no pude darme cuenta de ello, me hundí en un sueño profundo del que me ha sido difícil despertar y siento como algunas agujas se clavan fuerte sobre mi espalda y me rayan el cuerpo, el alma. Creo que me salté un pedazo bien importante de la historia mal escrita que he estado leyendo por un par de meses y no estoy segura de si la diferencia la marcó un punto seguido o un punto final. ¡Qué grave asunto!
Me sentí inmortal, invencible al tiempo y los recuerdos. Llegué a pensar que quizás los sentimientos podrían ir primero y que tantas poesías bastarían para hacer adornos a tu cuerpo y a tu cielo, pero no comprendiste uno solo de mis versos aburridos y mal hechos, poco profundos y siempre tan sinceros. Pensé que la monotonía de las palabras lanzadas sin experiencia al aire serían tan simples como su esencia misma y pondrían a tu historia ese signo que refundí entre maldiciones y besos que no llegué a probar, entre planes e ideas que una noche de alcohol y tristeza dejé en algún cajón que hoy ya no encuentro, perdiéntote a ti entre ellos. Trato y trato de recordar ese momento, ese maldito momento en que tan enorme trozo de mi vida falleció ante mis ojos y entre mis dedos y se quedó inerte allí con una bien extraña sonrisa triste, de esas que los desdichados payasos regalan al mundo por obtener algo que alimente aunque sea una levedad de su ser.
Algunos violines que me recuerdan mi pasado cobran vida en mis oídos y hacen que se me ericen los pelitos de los brazos y siento escalofríos y sigo tocando con mis dedos aquellas pistas escurridizas que cuanto más cerca las tengo, más se alejan; las cuerdas se rompen sin clemencia y rasgan el linde entre lo que dices y lo que es verdad. Así es la música. Así es tu voz.
Terminé incinerando el tiempo y las agujas del reloj bajo noches enteras de frío y lluvia donde cada gota sobre mi pecho parecía una pregunta más que a medida que se confundía con el color de mi piel perdía su respuesta. Así han sido muchas y ya no veo el principio o el final. Estoy cansada y el panorama me ha cansado al fin, correr en círculos buscando quizás aquella línea recta que insertara mi vida en el sendero correcto ya fue demasiado y ahora solo me quedo en el centro mirando al frente donde todo se mantiene igual que el minuto anterior, ese minuto que aún no encuentro, ese fragmento que quemé contra mis huesos y que sin tenerlo, ahora tiene sentido, y lo valoro.
Levanté mi pesadez del suelo y me estrellé contra el armario, sí, ese armario donde a ratos escondía mis miedos para que no salieran a perturbar mi privacidad y mi sueño, pero esta vez decidí meterme allí con ellos y buscar entenderlos y no ha sido una tarea fácil. Sin embargo, mientras buscaba quizás eso que perdí cuando mi conciencia me falló entre miedos y basuras, cartas y colores, encontré trozos de papel viejo, gastado y algo húmedo, papel con tinta y algunas letras que tenían tu nombre y no pude evitar sentarme a ver qué se leía en ellos. La respuesta, ya la sabes. Dos palabras, repetidas en millones de veces, formas, idiomas, colores, errores. Dos palabras que ya no puedo mencionar sin sentir como el corazón que tengo justo en la espalda de mi pecho me arde como el fuego mismo que quemó al tiempo, que guió el veneno y se llevó cada partícula de mí. Me sentí emocionada y algo nostálgica, y nuevamente, no te encuentro, pensé que hallaría el maldito cajón que desapareció de mi interior. Dime, ¿dónde coño está?
Supongo que a medida que examino cada uno de mis pasos encuentro cristales rotos y respondo tan interesante pregunta que me planteé más arriba: "¿Dónde me quedé?" Parece que me quedé contigo en nada y en el hielo, andando descalza sintiendo el frío entrar bien adentro en mis huesos, el frío de tu amor, el frío de tu cuerpo. Me quedé contigo, allá, donde no puedo recordar siquiera estar.
martes, 1 de mayo de 2012
No lo entiendo.
He perdido ya la cuenta de cuántas veces he borrado versos y líneas en las últimas horas, buscando encontrarme quizás entre una o dos palabras tristes y sin vida, claro, sin éxito.
Hace verdadero frío y es tarde, debería intentar dormir, sin embargo te revoloteas por cabeza como una mariposa sin salida, detienes el tiempo a medida que te abres paso por la vida disparando a diestra y siniestra verbos y adjetivos donde se componen las frases sin sentido sobre las cuales me encuentro de pie justo ahora y no sé si deba agacharme para evitar tus balas o mejor ponerme sin protección frente a ti y permitir que dispares todo lo que quieras. Detienes el valor de lo importante y la responsabilidad y sé muy bien cómo he de pagar esto, y el propósito era empezar por mí, pero sin ti no existo más.
Sinceramente me he quedado muda y probablemente muerta. Llevo no sé cuántas horas hasta ahora buscando algún tipo de emoción que me permita exteriorizar algo de lo que parece estar gestándose silenciosamente muy adentro, pero de nuevo, sin éxito, y la verdad, temo un poco aquello que pueda salir en el momento menos adecuado, me conozco, no sé si bien, pero puedo percibir dolores incontenibles para dicho instante. Espero estés bien lejos para entonces, no quiero herirte.
Cuento los papeles rotos, arrugados y manchados con tinta que he tratado de encarrilar pero ha sido desastroso, me veo forzada a dormir con un sinsabor cada noche mis habilidades literarias, esas que tanto te gustan, se esfuman cuando más necesito aferrarme a ellas, me molesta un poco, aunque no sé si tanto como la incertidumbre de saber lo que pasa por tu cabeza.
Es probable que borre más de lo que debería, y no me importa, la verdad es que no me importa nada y he venido haciendo miles de cosas no porque quiera sino porque me toca, lo que quiero tú lo tienes y tuve que huir por salvar tu vida y por ende la mía, debo permitirte volar tan alto como quieras, y entiendo justo ahora eso que las personas dicen, novelezco, sí, pero cobra veracidad cuando te sientes así: "si le amas, déjalo ir". El plan no es que vaya a dejarte ir para siempre y que esa sea mi excusa; lo comprendo porque sí, porque ya te lo he explicado aunque me queda la sensación de que no has llegado a comprenderlo de verdad, lo entiendo porque te amo lo suficiente como para poder reaccionar ante esos momentos que solo buscan aire y espacio, porque trasciendo contigo y ya está.
No sé lo que va a pasar, honestamente. No tengo siquiera una infantil idea para poderlo imaginar un poco y me asusta el no sentirme del todo asustada y también el no tener garantía de nada, pero sé que lo espero con amor y ansias, lo espero absurdamente y en silencio, aunque probablemente me veas deteriorarme a medida que sigo creciendo, probablemente me detengas antes de que llegue al final del túnel, no ese que me he dibujado contigo sino del equivocado y no comprenda cómo llegué allí, probablemente siga sola y todo acabe para mí, probablemente... MALDITA SEA.
Veo estas palabras como el preámbulo y el protocolo a lo que aparentemente es un diario adolescente y hasta precario donde cuento mis infidencias y confidencialidades a nadie diferente a mí misma, buscando en lo posible entender eso que siento que me hace no sentir ya nada y quizás sea también más largo que otras de mis aburridas novelas o mis macabros cuentos perturbados por nada. Debo asimilar que no asimilo nada y a lo mejor partiendo de ahí pueda entregar alguna otra vez mi alma a tus manos frías y raspadas para curarnos las heridas con humos densos y algo de alcohol, pueda follar tu cuerpo de manera tal que pueda rescatar algo de vida en la muerte en que me encuentro sumergida y hacer sentir a tu cuerpo lo que me ha quemado tanto por dentro, ese fuego y esa podredumbre mental enferma que sé que te encantaría ver que me ha llevado a extremos que ni siquiera te imaginas y así convencerte que aunque una de ellas piense en sexo, la otra quizás me querría y me amaría, así como ella, la mía, se ha alejado y supongo que anda buscando otra vida dentro de la mía pues no tengo nada que ofrecerle, ni con mi sexo ni mis dudas y me dijo claramente lo que siente por ti... ¡Qué alegría!
Me importa un carajo si no entiendes, la verdad no sé si yo lo hago, es simplemente otro monólogo absurdo y desorientado como el camino que camino con los pies descalzos buscándote entre escombros y pinturas tristes, entre piedras y agradables olores, pues cada sentido físico que me hace mortal y despreciable lleva tu nombre grabado con fuerza y pesa más que los errores y las decepciones.
Acá sigo, no sé siquiera si algún día considere no volver, yo no tengo decisiones más que las tuyas en tus manos y mi vida ahí también, yo no veo nada ni lo quiero ver si no son tus ojos los que así lo permitan. Nada lo entendí, solo que te amo como a nada y que nada nada tengo porque ya no quiero.
Hace verdadero frío y es tarde, debería intentar dormir, sin embargo te revoloteas por cabeza como una mariposa sin salida, detienes el tiempo a medida que te abres paso por la vida disparando a diestra y siniestra verbos y adjetivos donde se componen las frases sin sentido sobre las cuales me encuentro de pie justo ahora y no sé si deba agacharme para evitar tus balas o mejor ponerme sin protección frente a ti y permitir que dispares todo lo que quieras. Detienes el valor de lo importante y la responsabilidad y sé muy bien cómo he de pagar esto, y el propósito era empezar por mí, pero sin ti no existo más.
Sinceramente me he quedado muda y probablemente muerta. Llevo no sé cuántas horas hasta ahora buscando algún tipo de emoción que me permita exteriorizar algo de lo que parece estar gestándose silenciosamente muy adentro, pero de nuevo, sin éxito, y la verdad, temo un poco aquello que pueda salir en el momento menos adecuado, me conozco, no sé si bien, pero puedo percibir dolores incontenibles para dicho instante. Espero estés bien lejos para entonces, no quiero herirte.
Cuento los papeles rotos, arrugados y manchados con tinta que he tratado de encarrilar pero ha sido desastroso, me veo forzada a dormir con un sinsabor cada noche mis habilidades literarias, esas que tanto te gustan, se esfuman cuando más necesito aferrarme a ellas, me molesta un poco, aunque no sé si tanto como la incertidumbre de saber lo que pasa por tu cabeza.
Es probable que borre más de lo que debería, y no me importa, la verdad es que no me importa nada y he venido haciendo miles de cosas no porque quiera sino porque me toca, lo que quiero tú lo tienes y tuve que huir por salvar tu vida y por ende la mía, debo permitirte volar tan alto como quieras, y entiendo justo ahora eso que las personas dicen, novelezco, sí, pero cobra veracidad cuando te sientes así: "si le amas, déjalo ir". El plan no es que vaya a dejarte ir para siempre y que esa sea mi excusa; lo comprendo porque sí, porque ya te lo he explicado aunque me queda la sensación de que no has llegado a comprenderlo de verdad, lo entiendo porque te amo lo suficiente como para poder reaccionar ante esos momentos que solo buscan aire y espacio, porque trasciendo contigo y ya está.
No sé lo que va a pasar, honestamente. No tengo siquiera una infantil idea para poderlo imaginar un poco y me asusta el no sentirme del todo asustada y también el no tener garantía de nada, pero sé que lo espero con amor y ansias, lo espero absurdamente y en silencio, aunque probablemente me veas deteriorarme a medida que sigo creciendo, probablemente me detengas antes de que llegue al final del túnel, no ese que me he dibujado contigo sino del equivocado y no comprenda cómo llegué allí, probablemente siga sola y todo acabe para mí, probablemente... MALDITA SEA.
Veo estas palabras como el preámbulo y el protocolo a lo que aparentemente es un diario adolescente y hasta precario donde cuento mis infidencias y confidencialidades a nadie diferente a mí misma, buscando en lo posible entender eso que siento que me hace no sentir ya nada y quizás sea también más largo que otras de mis aburridas novelas o mis macabros cuentos perturbados por nada. Debo asimilar que no asimilo nada y a lo mejor partiendo de ahí pueda entregar alguna otra vez mi alma a tus manos frías y raspadas para curarnos las heridas con humos densos y algo de alcohol, pueda follar tu cuerpo de manera tal que pueda rescatar algo de vida en la muerte en que me encuentro sumergida y hacer sentir a tu cuerpo lo que me ha quemado tanto por dentro, ese fuego y esa podredumbre mental enferma que sé que te encantaría ver que me ha llevado a extremos que ni siquiera te imaginas y así convencerte que aunque una de ellas piense en sexo, la otra quizás me querría y me amaría, así como ella, la mía, se ha alejado y supongo que anda buscando otra vida dentro de la mía pues no tengo nada que ofrecerle, ni con mi sexo ni mis dudas y me dijo claramente lo que siente por ti... ¡Qué alegría!
Me importa un carajo si no entiendes, la verdad no sé si yo lo hago, es simplemente otro monólogo absurdo y desorientado como el camino que camino con los pies descalzos buscándote entre escombros y pinturas tristes, entre piedras y agradables olores, pues cada sentido físico que me hace mortal y despreciable lleva tu nombre grabado con fuerza y pesa más que los errores y las decepciones.
Acá sigo, no sé siquiera si algún día considere no volver, yo no tengo decisiones más que las tuyas en tus manos y mi vida ahí también, yo no veo nada ni lo quiero ver si no son tus ojos los que así lo permitan. Nada lo entendí, solo que te amo como a nada y que nada nada tengo porque ya no quiero.
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