jueves, 24 de febrero de 2011

Escupiendo demonios.

Tan superficial que a muchos nos resulta a veces la vida, tan misteriosa, tan compleja..
Las mentiras, las traiciones, la falta de seriedad para conmigo, para con todos, para contigo, tan difícil disimular el egoísmo que llevas dentro, tan difícil acomodarte a lo que tú misma planeaste para tu vida, asumir tus propias decisiones con la mayor madurez del caso..

¡Qué patética!

Me abruma la idea de pensar que aunque por un corto lapso de tiempo fuiste mía, irrelevante quizá, pero mía, invaluable porque al final parece no importar, sin embargo, mía, sonando tan diferente, besando tan diferente, moviendo fibras, tocando el cielo con los pies en la tierra, tan sensata, tan tú, tan nosotras.
Sin embargo, insisto, me abruma, me abruma pensar en ti como quien realmente eres, me abruma comparar lo que anteriormente he dicho de ti con lo que hoy ya sé, me abruma ver tus historias contadas desde otro punto de vista y ver cuán equivocada estás...
¿Escuchaste alguna vez la palabra "falacia"? Bien, a eso se asemeja lo que pienso de ti, una fantasía, algo que no existe porque simplemente no puede ser...

¿Qué pasó?
Tardé un poco en desentrañar lo desentrañable pues confié en ti, error del diario vivir, error del que de cualquier manera me siento plenamente orgullosa, confié en ti y por ello nos acercamos, pasional, momentáneo, tan inesperado como fugaz, mis amistades, la calma, tus amigos, la espada, sin embargo supuestamente lo intentamos (?)... ¿Qué coño intentamos?
Dime, ¿no te bastó con por un momento ponerme a soñar despierta? Ahora quieres también a pesar del tiempo, la distancia, meterme los dedos a la boca, no solo a mí, a ella, "quien amas" y por supuesto a quienes de un tiempo para acá considero semejantes, allegadas para no hacer demasiado énfasis en esa palabra que al parecer no entiendes, empieza por A...

Tanto que decías odiar, tanto, quizá más que yo un engaño, una mentira, tanto que repudiabas dar con cuchillos de doble filo, tanto que despilfarrabas una incondicionalidad, una serie de experiencias, tu madurez, pues hacías suficiente hincapié en ser la diferencia... SER la diferencia pero dime, ¿de verdad crees que haces diferencia alguna?

¡Qué patética!

Ahora vengo acá, como siempre a mi único refugio seguro, mi único aliado callado, concentrado y acogedor a plasmar toda esta cantidad de turbiedades, a ahogar esos malos, macabros pensamientos, a decirte de espaldas lo que hoy siento, porque no me duele, ¿sabes?, no me duele ni poquito, finalmente no fue, no será, o al menos no por ti me duele, me duele porque una vez más estrello contra el piso por la misma estúpida razón, pero no me duele, me cabrea, lo que profesabas te ha traicionado, tal como hiciste conmigo, con quien "amas", con el tiempo, hasta con tus propias posturas & decisiones; y hablaré en términos claros, sencillos, puntuales, no logro despejar mi cabeza, de darle vueltas a todo esto mientras enciendo cigarrillos, uno tras otro, quizá ni los fume, quizá simplemente lo haga por hacerlo, quizá lo que busco es apaciguar tanta rabia, tanta decepción, fingir que no pasa nada cuando en realidad pasa todo, soportar tus reclamos injustificados, ahondar en tus mentiras aún ya sabiendo la verdad, ver tu cara en la calle y sonreír, tan falso, tan falso como tú, tus caricias, tus palabras, los besos de algún tiempo, las sonrisas a mí, a mis semejantes, a ti misma cuando te miras al espejo... ¿Qué coño ves allí?

Quiero finalizar esto, aún sin calma, diciendo, ¡QUÉ DECEPCIÓN!

lunes, 7 de febrero de 2011

Monólogo de un loco.

-Estoy sentado acá fingiendo un poco, mirando a la nada...

¿Qué hacer?

-Estoy cansado, agotado, perdiendo poco a poco lo que me queda de cordura, pensando en ella pero ante todo pensando en mis pensamientos, en esto que pesa más que mil rocas en mi espalda.

¿Qué hacer?

-Ya no puedo estar seguro, me siento mareado y estúpido, las vueltas de esta rueda de la fortuna envuelven más mi cerebro y me hacen considerarme un segundo más loco.

¿Qué hacer?

-Me dirijo ahora a sentarme con los pies fuera de la ventana, a recibir aire fresco mientras me pierdo mirando detenidamente cada uno de mis dedos, evitando ver mis dudas en su rostro, mi impotencia en mi mente, mi cordura resbalándose entre ellos...

¡Me estoy volviendo loco!

-No recuerdo cuándo fue la última vez que perseguí las piedras en el suelo para patearlas, no recuerdo la última vez me tendí en el prado bajo la lluvia a ver las estrellas, a imaginar las formas que tienen las nubes, a asociarlas con el remolino emocional que de vez en vez me visita; quisiera hacerlo ahora, quisiera fumar un poco del aire de su compañía, beber un poco del elixir de sus labios, olvidar por un momento que de hecho estoy sintiéndome loco y que bien o mal, todo esto es una simple confusión, una como de las que antes ya he sido víctima.

¿Qué hacer?

-¡Mierda, no puedo sacarla de mi mente! ¡Mierda, MIERDA!
Si alguien, al menos yo, pudiese entender la impotencia que de a pocos me carcome, la falta de ideas, la falta de un plan de acción, la falta de una mano amiga que quizá iluminase mi camino, mis entrañas, si pudiese quizá manipular a mi favor todo aquello que quiero hacer pero que no me atrevo...

¿Será ella o en definitiva seré yo?
-Ahora, me dispondré a fumar de nuevo, me dispondré a perder un poco el rumbo bajo la influencia de su humo poco espeso, a buscar escribir planes y cartas, mapas, a dibujar mis pasos, pero soy tan cobarde, tan tonto, que como mucho, terminan siempre en la basura.

¡¿Qué hacer?!