¡Qué imbécil!
Qué imbécil me siento al sentarme de nuevo tras esta pantalla, al esconder todo lo que me está brutalizando y violentando por dentro, qué imbécil mirar hacia atrás y sentirme tan en el presente, qué triste pasar por encima del pasado, atropellar el tiempo y los deseos cohibidos, apretados tras esa estúpida barrera inquebrantable, qué imbécil, qué imbécil conocer ambas caras de la moneda, saber que se llaman igual, saber que son lo más grande y lo más pequeño, saber que son la gloria y el infierno, no poder bajar por una maldita vez la cabeza, no abrir la maldita puerta...
¡Qué imbécil!
Qué imbécil, de nuevo de pie frente a la ventana preguntándome qué habrá después de ella, qué imbécil, te perdí, qué imbécil, el orgullo me pudo y me puede más, preferí huir, cobarde (contradictorio), preferí callarme una vez más y simplemente pedir perdón, como siempre... Esa maldita mala costumbre, esa maldita rutina de vez en vez, esos cuartos de hora vomitivos, esos pequeños instantes donde satisfago mis rencores & mis miedos, de nuevo, ¡qué imbécil!
¿Cómo carajo pretendo engañar al resto si no puedo engañarme del todo a mí?
Dime, ¿tan poco me conoces que no sabes distinguir mis sonrisas hipócritas, mi falta de palabras, de profundidad?
¡Qué imbécil!
¿Cómo espero que lo hagas si siempre evité que supieras quién soy?
(...)
Vamos a contar, vamos a jugar.
Vamos a ignorar por un momento que ya no estás, que no estamos, vamos a ignorarlo, vamos a suponer y a preguntarnos, ¿qué hubiera pasado si de repente, fuera como fuera, hubiera expresado mis trivialidades ante ti, si te hubiera contado todo eso que habita en mí? ¿Hubiera servido de algo? ¿Habría cambiado algo?
(...)
¡Qué imbécil!
Qué ridícula me veo gritándole a los espejos, quizá esperando que alguien grite de vuelta, tan ridícula como cuando golpeo las paredes esperando un puño de vuelta..
Todo lo que quiero, no lo conozco, todo lo que extraño, está tan cerca como lo está el teléfono, todo lo que odio, está al otro lado de la línea, todo lo que quise, se fue con ella, pero son esos hachazos tan llenos de veneno que me cortan el alma, esas punzadas poco constantes pero seriamente abrumadoras las que me obligan a ser tan débil como un hilo sobre un cuchillo, a botar a la mierda la experiencia & el tiempo, a romper mi línea recta de cordialidad...
Qué imbécil... pero igual, igual que siempre, te diré, lo siento.
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