lunes, 30 de julio de 2012

Destellos azules y algunos crudos y tristes cuentos de princesas de labios tóxicos y lenguas venenosas acompañan esta noche llega de ideas y palabras atadas a un recuerdo eterno y vivo que sabe a ti y se siente como tus dedos aferrados a mi espalda.

Me preocupan los días cortos y el único amanecer helado entre tus piernas colmadas de deseos y tu cabeza sobre mi pecho descontrolado con mi vida latiendo allí dentro, con el regalo más extraño que he dado hasta ahora.

Me preocupan las noches cortas y el calendario apuñalando nuestras horas, la incertidumbre del jodido destino de uno de los crudos y tristes cuentos de princesas putas cuyo final he escrito innumerables veces sin éxito alguno.

Me preocupa el capítulo final que he considerado reescribir tras largas semanas de sentir que lo había hecho, me preocupa no recordarte cuando te extrañe ni poder tocar tu boca con la mía aunque sea una imagen, me preocupa la despedida, me preocupa perderte, me preocupa tenerte.

Es dual, te quedas conmigo y yo simplemente con algo de ti y no creo que sea justo, pero ¿qué lo es? Ha sido mi decisión desde el principio y ahora que al fin me veo al fondo del mar, o mejor en lo más alto de un árbol sostenida por un par de deditos frágiles que no sé si son tuyos o míos tengo miedo de ahogarme o de saltar, de renunciar irrevocablemente o firmar un contrato con sangre, de besar a la princesa que me ha convertido en sapo, de ser el sapo que la princesa bese y se convierta en príncipe...

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