Las sensaciones inusitadas de un vacío profundo.
La nitidez absoluta de esa oscuridad profunda y la insensatez mustia de los recuerdos olvidados, el llanto que genera la pérdida de la razón y las mil voces que susurran lentamente pidiendo un poco de amor.
El baile frenético de dos cuerpos inertes que sonríen con perfecta armonía y la pasión desbordante en la paz de un cielo sublime.
La necesidad de cada ser de sentirse vivo sin importar los límites tangentes asumidos hace tantos años y la satisfacción de romper las reglas.
El juego de los sexos, la infinita búsqueda de la locura de los sentimientos, el asumir con entereza los golpes de cada momento desagradable e inesperado.
Encontrar la calma en instantes cortos de autoconocimiento, de autocompasión y borrar con la goma del lápiz cada error.
Morir con placidez cuando llegue la hora habiendo logrado cada meta propuesta y dejando la intriga de cada segundo que pudo haber existido después.
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