No hay explicación, no hay motivo.
Las pretenciones se basaban en eso exactamente, en pretender... Pretendía alcanzar un nivel de éxtasis nunca antes conocido, las pretenciones se basaron en hacerme pretender un corazón que no merezco, un corazón ajeno, en hacerme pretender que las decisiones tendrían la conclusión que siempre quise... No fue así.
Las personas me preguntan una y otra vez: "¿Te arrepientes?"
NO.
No me arrepiento de nada en absoluto, claro que hay cosas que uno piensa y que quizá no hubiera hecho, ya lo hice, ¿qué puedo hacer?
Si las mentiras se convierten en verdades, la mitomanía se hace parte del diario vivir y las sensaciones se arremolinan en un estado de poca lucidez, no hay nada.
Sé que no es concreto y nada tiene sentido, pero al final... ¿Qué lo tiene?
El pasado es ahora, el futuro también lo es, entonces ¿dónde se supone que está el presente?
Son miles de preguntas las que me hago, empezando porque no entiendo bien cómo me siento, porque no sé qué espero... y lo que quiero no lo tengo, no lo puedo tener, entonces, esa tendencia a escribir mi propio destino se cuestiona en el momento de actuar, ¿qué está bien, qué está mal?
No hay nada... nada es todo... Todo existe, la nada se lo lleva.
El viento se transforma en un huracán, un huracán de sentimientos y de sinfonías eróticas y las canciones de antaño, las que solían hacerme sentir mejor se convierten en mis lamentos propios de autocompasión, de entendimiento.
Estoy bien, aclaro, me siento bien... la parte que no entiendo es por qué me siento bien si el corazón amenaza con llorar cada que respiro y a veces el pensar es tan tortuoso...
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