Qué increíble la diversidad de tonos que agarran esas pinturas viejas y retorcidas que aún guardo en mi cerebro.
Qué increíble sensación de impotencia la que siento al sentirme demasiado importante y a la vez tan usada, tan falsa, tan mía, tan de todos.
Qué desagradable resulta recordar los matices vagos y maltrechos que sus pasos han dejado, qué nefasto es pensar que quedaron en el aire las promesas.
Las palabras de todos y de nadie, las palabras que ahora se escupen con tanta naturalidad al aire como si se tratara simplemente de respirar y de oxigenar las cuerdas vocales.
No merezco esto. No lo merezco. Sufrir y llorar no va más conmigo, es una estúpida rutina que periódicamente adquiero cuando empiezo a notar que es una especie de plan maligno en mi contra...
¿Tan mala he sido?
No sé hasta qué punto todo esto haya sido una mentira, cada vez que respiro siento algo diferente, siento como el alma se desploma y sube al cielo, siento como una fuerza nueva invade mis neuronas y siento el éxtasis de esa musa eterna de mi inspiración
Odio, pasión, deseo, amor, todo se funde en un solo elemento, todo se vuelve invaluable y pesa más que el aire en los pulmones de quienes no pueden respirar.
Es irónico, ¿no? Fuiste mi ilusión, eres mi amor, mi vida y mi tesoro, eres el sol que nunca pude ni podré tapar con los dedos, eres la luz que parece no querer extinguirse, pero huyo, empiezo a huir de ti con una furia innombrable, y me escondo tras las paredes de mi ocio, tras las cortinas de mi anfiteatro y me tiendo en el cementerio que construí para ti y para mí.
Perdí mi tiempo y mis sueños empezaron a volar libres, solos, tristes, cambiaron mis métodos, mis virtudes y todo aquello que un día entregué, todo aquello que a mis manos regresó y no temí en volver a dar, una, dos y hasta mil veces.
Renunciar a una vida establecida y coherente y montarme en un tren descarrilado, abandonado y sin conductor, buscar suerte en tierras que para mí resultan inhóspitas, desconocidas y para nada interesantes, buscar la sangre que perdí al soñar con futuros idiotas e inocentes, al ser una fiel creyente de tu cuerpo, del suyo.
Me levantaba en las mañanas con la motivación de verle, de sentirle cerca, me reconfortaba el alma con nimiedades y lamía mis heridas con los ojos muy abiertos, insegura, inestable, curaba los daños de más de un fracaso y aún así no era mía, nunca lo fue, fui ingenua y me dejé llevar por tormentas soleadas, no de arena, no de rayos, ¿de qué sirvió?
Heme aquí una vez más, en el mismo sitio, en la misma dirección con un mismo enfoque bifurcado, sin ti, sin ella, sin aquella, solamente acompañada de mi fiel pensamiento de amarte en silencio y machacando mi corazón para meterlo en una cajita de cristal que ni a ti te entregaré.
Cientos de veces me dieron palabras de aliento, palabras de valor, miles de veces fui yo, fui yo quien habló y no aplicó, fui yo quien inconciéntemente se escuchaba y reía en su interior, fui yo quien a gritos ahogados se preguntaba con fuerza "¿por qué?"; y como si nada levantaba mi silla y la plegaba en dos, martillaba con lágrimas en los ojos tus letras contra mi pecho con la esperanza de que quedaran grabadas allí, tuve éxito y a veces me arrepiento.
Debí haberte dejado volar cuando la cuerda estaba suelta, debí aceptar desprenderme del tú material, debí haberme ido lejos y volver con el rabo entre las piernas, mirando de soslayo con dolor y pena, debí asumir la derrota y avanzar, sin embargo te solté pero como un boomerang insistes en regresar, tú, ella, todas, es persistente como quien busca desesperadamente el amor. (¿Estaré hablando de mi?)
Es de vida o muerte, es de tomar una buena decisión, ¡por fin!
Debo asegurarme de volver a tocar la tierra con los pies, volver a sentirme segura en mi mundo, volver a levantarme con una sonrisa dibujada en mis labios que no dependa de ti ni de ninguna, soñar mis sueños y vivir por ellos, evitar esas preguntas tediosas de autocompasión para así subirme el ánimo miserablemente, esos conceptos básicos e irreconocidos que nunca aprenderé a manejar, el control de mis palabras y objeciones, el control de mi vida, el control de mi motor.
Aquí estoy y por ahora, me quedo, aquí estoy y por ahora, no me muevo. Prefiero dejar de respirar en este instante y yacer aquí inerte como una tabla a seguir compartiendo por placer mi oxígeno contigo, a esperarte sentada con los ojos fijos en la nada, a envejecer mi cuerpo mientras me consumo como lo hace el cigarro que ahora sostengo, a oscurecer mi alma ante mis deseos, a ser mi próxima víctima (de nuevo). Prefiero acudir a mis noches azules para protegerme, sentirme lúcida a la luz de la luna, malgastar mi calor y mi fuego interno y quemarme, así, en las llamas del infierno que aún vive por ti y por mí.
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