Hablando de historias y recuentos trágicos de infancia, sacando a colación todos los misterios de una vida corta donde nada se revela, veo sentada miles de luces fugaces que parecen avanzar más rápido que mi respiración...
Tan tuya y tan del viento, siempre sometida a la voluntad del amor incierto y esas vanalidades corporales de un encuentro, sintiendo de repente mis latidos en mis manos, la humedad tenue correr por mis mejillas y entrar lentamente a mis labios, tocando mi lengua, igual que esas mismas palabras que no quieren ser dichas por mi voz, que no quieren ser frágiles como tus sueños, esos de los que a ratos decidías compartir conmigo, instancias breves aunque siempre sublimes.
Hablando de historias pasajeras como la tuya con la mía, sin sentido como todo lo que gira entorno a ti y a mí, de historias simples como esas donde la gente se besa sin quererse, donde se abrazan sin sentirse...
Esa historia que hoy repito, sin siquiera un dolor, sin alegría, esa historia visceral que tiene un nombre que a decir verdad no quisiera mencionar, el nombre frío y calculador que me recuerda tu nombre, un beso tibio del que nunca surgiría ninguna palabra de amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario