Me cansé del cielo, de su azul claro y sus rayos de luz calentándome la espalda.
Me cansé de besos y olores, de versos y retórica, de frases sueltas, de palabras tiernas.
Me cansé de la voz, de las lágrimas y las sonrisas, de tus ojos oscuros que me miran sin verme, de tu sexo, de tu cuerpo.
Me cansé de la respiración agitada e iracunda de personas que no conozco justo en mi nuca, de insultos y quejas sin revés o sentido, sus murmullos, sus risas.
Me cansé de esperas, de tiempos y de luces, de sonidos, de canciones, de letras, de poemas y cuentos, de todo lo que escribo pues es todo en lo que creo.
Me cansé de sueños, de texturas, sabores y olores, me cansé la soledad, de su amarga compañía y su color oscuro, me cansé de escribirte, de perderte cada noche en algún bar.
Me cansé de mi cuerpo pesado, de mi cabeza que me habla sin parar, de sentirte sobre mí, de escuchar tu pecho, de creerte ver, de... de esto, de ti, de mí.
Me cansé entonces de amar, del mar y su sal, del sol con su luz, del cielo y la tierra, me cansé de crecer para no estar contigo, me cansé; pues hasta que te tenga podré tomar aire e impulsarme a vivir, a creer, a descansar.
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