Todas las noches han sido siempre insípidas, incoloras. Faltas de ese toque especial y delicioso que hagan en mí un verdadero cambio, una verdadera motivación.
Fumar y beber ya no es suficiente para suplir las necesidades de la oscuridad y del misterio de cada noche, se hace monótono y ya no encuentro sentido en simplemente respirar y hacer lo habitual mientras me hundo en preguntas banales faltas de coherencia y especificaciones que esclarezcan el camino apedreado que se antepone ante mis ojos café oscuro desprolijos de una buena visión.
Un par de semanas atrás vivía atormentada por mis errores y mi pasado, por aquellas cosas que nunca antes hice y que aún cuando me sentía más que segura, hoy siguen carcomiendo mi cabeza y mi pecho, aquellas cosas mal vistas y mal hechas que para mí resultan una detestable contradicción de mis convicciones y la moralidad social que lamentablemente se impone ante mí, ante ustedes.
Esas noches falta de toda emoción se han visto modificadas paulatinamente por pequeños factores, pequeñas debilidades que se convirtieron no solo en estímulos sino en motivos claros y contundentes para levantarme cada mañana, para cada bocanada de aire que entra a mis pulmones, aún si no respiro su aroma, aún si no respiro sus besos. No veo mayor importancia en dormir una o cinco horas si de hablarle se trata, si pasar tiempo indispensable a su lado de cualquier manera significaría más que una sonrisa, una verdad, una verdad como todas, nada absoluta. No veo mayor importancia en leer o comer, en pensar en lo que la sociedad considera básico y relevante, si para mí la relevancia está dada en el mirar de sus ojos, en aclarar con sus pestañas la visión borrosa que había tenido durante 20 otoños fríos.
Las risas incontrolables, el placer caótico, el amor insólito, la paz desesperada en la que se ha convertido ha impuesto una clara diferencia entre lo justo y lo necesario, las charlas idiotas o decisivas, sus momentos iracundos donde sientes temor de perderme son el sentido de mi vida para demostrarle que nunca lo hará, para prometerle no solo el cielo y la tierra sino la pureza en mis dedos maltrechos por los errores de escritura que en ocasiones cometo, por las veces que he tenido que borrar de mis anteriores capítulos las historias que me hicieron mal, esos dedos que hoy suplican con fervor tocar su piel y recordar sus reacciones, su respiración agitada pidiéndome que no la deje jamás, y es que ¿cómo hacerlo, si ella es todo para mí?
La noche ha cobrado brillo y calor desde que encuentro sus palabras y su ternura dedicadas desproporcionadamente a generar mis sueños y construir instancias eternas de ahorro y comunidad, comunidad suya y mía para hacer de esto algo tan salido de esquemas y controles donde si he de morir será por ella, dentro de sus brazos, su cuerpo y su alma, la cual he jurado proteger a capa y espada así otorgue mi vida en su nombre, la noche se ha convertido en la dueña de mi risa, la noche se ha convertido en ella, la noche no me abandona, la noche no me desampara y me acoge maternalmente con besos y pasiones desbordadas por el amor mismo de sus labios y palabras.
"¿La ama?"
Preguntan con tanta frecuencia eso que la respuesta estoy cansada ya de darla. Quien quiera entender, que entienda, y si lo entiende ella, no necesito más. Es la vida, es la muerte, es la frescura, la locura del amor. Es el mundo, es el sueño, es la retórica siendo analizada desde mis adentros, es la fuerza, el deseo, es mi vida, es mi musa, mi novia y todo. Es ella, es mía despojándome de un cuerpo impuro, despojándome de las dudas, quedándose con eso, eso que ya le regalé.
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