lunes, 14 de mayo de 2012

Poesía.

Viento sobre mi piel y mi pelo, canciones, composiciones y simplemente palabras bonitas que se acumulan como un millón de estrellas en lo alto del firmamento para recordarme por momentos que patinar sobre hielo resulta más seguro que andas a pie con un par de buenos zapatos sobre tierra firme.

¿Dónde me quedé?
Tengo la sensación de haber perdido la conciencia algunos minutos, quizás me dormí y no pude darme cuenta de ello, me hundí en un sueño profundo del que me ha sido difícil despertar y siento como algunas agujas se clavan fuerte sobre mi espalda y me rayan el cuerpo, el alma. Creo que me salté un pedazo bien importante de la historia mal escrita que he estado leyendo por un par de meses y no estoy segura de si la diferencia la marcó un punto seguido o un punto final. ¡Qué grave asunto!

Me sentí inmortal, invencible al tiempo y los recuerdos. Llegué a pensar que quizás los sentimientos podrían ir primero y que tantas poesías bastarían para hacer adornos a tu cuerpo y a tu cielo, pero no comprendiste uno solo de mis versos aburridos y mal hechos, poco profundos y siempre tan sinceros. Pensé que la monotonía de las palabras lanzadas sin experiencia al aire serían tan simples como su esencia misma y pondrían a tu historia ese signo que refundí entre maldiciones y besos que no llegué a probar, entre planes e ideas que una noche de alcohol y tristeza dejé en algún cajón que hoy ya no encuentro, perdiéntote a ti entre ellos. Trato y trato de recordar ese momento, ese maldito momento en que tan enorme trozo de mi vida falleció ante mis ojos y entre mis dedos y se quedó inerte allí con una bien extraña sonrisa triste, de esas que los desdichados payasos regalan al mundo por obtener algo que alimente aunque sea una levedad de su ser.

Algunos violines que me recuerdan mi pasado cobran vida en mis oídos y hacen que se me ericen los pelitos de los brazos y siento escalofríos y sigo tocando con mis dedos aquellas pistas escurridizas que cuanto más cerca las tengo, más se alejan; las cuerdas se rompen sin clemencia y rasgan el linde entre lo que dices y lo que es verdad. Así es la música. Así es tu voz.

Terminé incinerando el tiempo y las agujas del reloj bajo noches enteras de frío y lluvia donde cada gota sobre mi pecho parecía una pregunta más que a medida que se confundía con el color de mi piel perdía su respuesta. Así han sido muchas y ya no veo el principio o el final. Estoy cansada y el panorama me ha cansado al fin, correr en círculos buscando quizás aquella línea recta que insertara mi vida en el sendero correcto ya fue demasiado y ahora solo me quedo en el centro mirando al frente donde todo se mantiene igual que el minuto anterior, ese minuto que aún no encuentro, ese fragmento que quemé contra mis huesos y que sin tenerlo, ahora tiene sentido, y lo valoro.

Levanté mi pesadez del suelo y me estrellé contra el armario, sí, ese armario donde a ratos escondía mis miedos para que no salieran a perturbar mi privacidad y mi sueño, pero esta vez decidí meterme allí con ellos y buscar entenderlos y no ha sido una tarea fácil. Sin embargo, mientras buscaba quizás eso que perdí cuando mi conciencia me falló entre miedos y basuras, cartas y colores, encontré trozos de papel viejo, gastado y algo húmedo, papel con tinta y algunas letras que tenían tu nombre y no pude evitar sentarme a ver qué se leía en ellos. La respuesta, ya la sabes. Dos palabras, repetidas en millones de veces, formas, idiomas, colores, errores. Dos palabras que ya no puedo mencionar sin sentir como el corazón que tengo justo en la espalda de mi pecho me arde como el fuego mismo que quemó al tiempo, que guió el veneno y se llevó cada partícula de mí. Me sentí emocionada y algo nostálgica, y nuevamente, no te encuentro, pensé que hallaría el maldito cajón que desapareció de mi interior. Dime, ¿dónde coño está?

Supongo que a medida que examino cada uno de mis pasos encuentro cristales rotos y respondo tan interesante pregunta que me planteé más arriba: "¿Dónde me quedé?" Parece que me quedé contigo en nada y en el hielo, andando descalza sintiendo el frío entrar bien adentro en mis huesos, el frío de tu amor, el frío de tu cuerpo. Me quedé contigo, allá, donde no puedo recordar siquiera estar.

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