jueves, 12 de abril de 2012

Realidad.

No sé hace cuánto tiempo creé tal protección en mí que me impide llorar con tranquilidad, con fluidez. Cada vez parece ser más difícil dejar salir cada pequeña cosa dentro de mi corazón, atrapada en mi pecho, en mi cabeza y en mis venas, y justo cuando deseo matar todo eso, se hace más difícil, o sale por pedazos microscópicos que no representan nada.

Me he pasado la vida buscando estrategias y luchando contra el engaño y la mentira, inventando cosas y juegos para derrotar la monotonía que tienden a ser el final de la vida de todos, dejándonos como unos simples pedazos de carne, vivos pero muertos, y cuando más necesario se hace encontrar la palabra precisa, el momento correcto, se esfuma mi lenguaje, mis ideas, mi creatividad y hasta mis sueños.

También he perdido la cuenta ya de cuántos sueños se han visto frustrados, sea por falta de oportunidades o por obstáculos impenetrables y todo se ve borroso, oscuro y a veces, da miedo. Se pierden las fuerzas, las ilusiones y se desaparece el amor.

En realidad no sé qué decir esta vez, y probablemente sea el más aburrido e incoherente de todos mis escritos, el más vacío, el más simple, pero es justo como me siento. Vacía y simple. Perdida de nuevo, y esta vez, no encuentro la justificación.

Quisiera expresarle muchas cosas, más de las que he dicho ya pero me faltan las fuerzas y la voluntad, me faltan el aire y la voz, me falta tiempo, espacio y corazón, me falta la razón, me falta todo y me faltará más si se va, que es lo único en que pienso ya. Releo mi última publicación y no sé si me faltó también claridad o alguna palabra clave, alguna fatalidad, pero bien, así es el mundo, la perfección no existe aunque se pretenda encontrar.

Lo es y ha sido todo durante un tiempo y no quiero que haya más. La amo, y no hay ninguna otra realidad, se funde y se pierde entre mi cabeza y mi corazón, descifro los miedos y el temblor, las aguas tibias que me nublan y se apodera de mí el desespero y me salta el fuego adentro y al fin consigo llorar, aunque no sé si es la tranquilidad, la paz que encontré en su vida y en su alma, o la frustración que tengo porque al parecer nunca voy a poder tocarla.

La amo, y la amaré. Mi corazón le regalé ya y saben, lectores... No lo quiero de regreso, bien o mal, a su lado o no, es suyo y ese es su lugar.

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