Me he pasado la vida buscando estrategias y luchando contra el engaño y la mentira, inventando cosas y juegos para derrotar la monotonía que tienden a ser el final de la vida de todos, dejándonos como unos simples pedazos de carne, vivos pero muertos, y cuando más necesario se hace encontrar la palabra precisa, el momento correcto, se esfuma mi lenguaje, mis ideas, mi creatividad y hasta mis sueños.
También he perdido la cuenta ya de cuántos sueños se han visto frustrados, sea por falta de oportunidades o por obstáculos impenetrables y todo se ve borroso, oscuro y a veces, da miedo. Se pierden las fuerzas, las ilusiones y se desaparece el amor.
En realidad no sé qué decir esta vez, y probablemente sea el más aburrido e incoherente de todos mis escritos, el más vacío, el más simple, pero es justo como me siento. Vacía y simple. Perdida de nuevo, y esta vez, no encuentro la justificación.
Quisiera expresarle muchas cosas, más de las que he dicho ya pero me faltan las fuerzas y la voluntad, me faltan el aire y la voz, me falta tiempo, espacio y corazón, me falta la razón, me falta todo y me faltará más si se va, que es lo único en que pienso ya. Releo mi última publicación y no sé si me faltó también claridad o alguna palabra clave, alguna fatalidad, pero bien, así es el mundo, la perfección no existe aunque se pretenda encontrar.
Lo es y ha sido todo durante un tiempo y no quiero que haya más. La amo, y no hay ninguna otra realidad, se funde y se pierde entre mi cabeza y mi corazón, descifro los miedos y el temblor, las aguas tibias que me nublan y se apodera de mí el desespero y me salta el fuego adentro y al fin consigo llorar, aunque no sé si es la tranquilidad, la paz que encontré en su vida y en su alma, o la frustración que tengo porque al parecer nunca voy a poder tocarla.
La amo, y la amaré. Mi corazón le regalé ya y saben, lectores... No lo quiero de regreso, bien o mal, a su lado o no, es suyo y ese es su lugar.
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