viernes, 20 de abril de 2012

Reflexión.

Estoy cansada. Verdaderamente cansada. Cada noche intento que sea un juego diferente, adoptar diferentes papeles dentro de esta historia siniestra y macabra que llamamos vida pero ya me cansé. Hoy no escribo para ella o para ustedes. Hoy escribo para mí. Muchas veces me he preguntado los significados y sentidos de cada cosa que hago, que hacemos, y cada una de esas veces me he quedado flotando en el aire como cada pensamiento que siempre tengo, cada secreto en vano, pero de eso se trata, ¿no? La filosofía no es mi arte, ni el arte de ninguno, quizás. La filosofía reside exactamente ahí, donde nos encontramos parados y la forma en que vemos el contexto donde estamos, las preguntas relevantes e irrelevantes que todos nos hacemos pero que nadie podrá nunca contestar, somos dueños de nuestras palabras y sueños, mas nunca de aire y la verdad. ¿Amor? Vaya cosa tan difusa, inexplicable y coloquial de la que todos dependemos. Personas van y vienen, de muchos nos enamoramos pero, ¿cuántas veces en realidad llegamos a amar? Es tan difícil de explicar, tal y como lo que nos hace seres inmortales en alma y sentimientos, seres inexplicables y reemplazables como una simple bolsa de papel que desechamos cuando está repleta. Así somos. Así me siento. He perdido por completo la noción del tiempo y del espacio. He empezado a confundir la realidad con lo ideal y me he visto inmersa en barcos de papel, débiles como los corazones de los seres una vez apreciados y admirados, pero que seducidos por la belleza, las drogas y el alcohol hoy no se encuentran más a nuestro lado, he empezado a depender de factores ajenos a mis creencias y he relegado para siempre los cambios naturales e inesperados por buscas con desespero aquello que me ate al sentir y al querer, pero ¿con qué sentido? Probablemente nunca lo entienda, nunca lo descubra, pero es que el quedarme acá sentada, camuflada y escondida tras esta pantalla miserable y absurda llena de miles de colores y resoluciones ha hecho de mí un ser impasible, impuro, y como siempre, un loco enamorado, de la vida, de ella, de valores inescrupulosos que se mofan a diario de las verdades claras y enajena mi alma, al igual que la de todos aquellos quienes decidieron sentarse en la orilla del mar a esperar de pronto la botella soñada con el mensaje secreto de un tesoro invaluable, o la carta de un amor perdido. Releo todo lo que escribo y me doy cuenta de cómo mis palabras han perdido coherencia. Ya no estoy segura si se trata de mi estado de embriaguez o de las drogas que proporciona mi cerebro para activar cada una de mis regiones o si se trata netamente del asco y desespero con el que se tambalean mis entrañas al no hallar la palabra o el momento correctos para difundir pensamientos desquiciados e inertes de un humano como cualquier otro, solo que modificado por las circunstancias y diversas consecuencias otorgadas por los espacios mismos de mismidad o de éxtasis. No comprendo con exactitud aquello que intento liberar de mí, pues ya he hecho miles de ensayos y siempre el resultado ha sido error tras error, nada parece cuadrar de la manera en que quisiera y me resulta bastante demoledor, me frustra. En el pasado invertí horas y horas llorándole y escribiéndole al amor, hoy le canto a la vida que se convierte en muerte por el primer factor. ¿Paradójico? No. De eso pienso que se trata vivir, y sí, quizás sea cierto que a lo largo de los años conoceremos miles y miles de personas, algunas que importen, otras mejor para desechar pero una que otra dejará esa huella imborrable e indescifrable en nuestros pechos, donde la incertidumbre nos robe el sueño y nos haga vacilar ante creencias, convicciones, decisiones y voluntades, voluntades que se difuminan cuando se acerca el momento crucial de esas tan conocidas crisis que nos llevan al punto exacto de confusión y desenfreno. Sí. En este caso me refiero a ella, aunque no le pienso escribir más. Me confundo hace unos días con las luces y sonidos que produce el eco de la noche con el eco de su voz, a veces con el eco de las voces que creo escuchar a mi lado y retumban en mis oídos, aunque me rehúse con ahínco a creer que algo de eso ha sido alguna vez verdad. Me desgasto todas las noches buscándole respuesta a aquellas preguntas del comienzo. ¿Sentidos? ¿Significados? Para muchos sean exactamente lo mismo o suene redundante siquiera mencionarlo. Pero no. Para mí cada término por separado ha ilustrado un mundo de cosas que tardaría horas en explicar. Horas que pierdo de oxígeno y de su compañía por intentar ser la mujer más comprensiva, aún si saber si de hecho tenga garantías de supervivencia. El sentido y el significado de aquella turbulenta historia inicial se vio dado por ella y por sus demencias, pero repito. La intención de esta publicación no es darle más importancia al amor, al cliché vagabundo y prostituido al cual todos hemos accedido una que otra vez, por no resarcir en la palabra "muchas". ¿Daño? ¿Dolor? No, ya no lo creo. Como dije arriba, muchos sentidos y significados se vieron alterados con su llegada y con su eventual partida, y me decidí de una vez por todas a imponer un límite y mi voluntad aunque me cueste la calma y la paz. Daño es aquel al que me someto por deseo propio, por ganas de sentirme viva aunque después me sienta morir. Dolor es aquel físico y espiritual que se da a través de una serie de daños progresivos y graduales del cual me hago partícipe con profunda vehemencia y conciencia. Tanta, que me sería imperdonable emitir siquiera una queja o alguna señal de debilidad, y si eso implicaría entonces dedicarme a llorar días y noches enteras en soledad, debería asumirlo con esa misma entereza con que me entregué a lo incierto y nocivo, extrañando y esperando muchas de las cosas que tanto sueño y que no he tenido, o que a lo mejor tuve y sin darme cuenta se fueron lejos, sin saber si volverán, o si alguna vez en realidad tuve de verdad. Ya no pido el cumplimiento de promesas o juramentos por más serios y fatales que sean. Hoy de nuevo entiendo que no puedo pedir nada de nadie si no puedo cumplir aquello que tan entregada y pulsionada prometí y juré al azar, o a corazones raídos y maltrechos que en mí buscaron y a lo mejor hallaron un sano refugio lleno de basura y suciedad para esquivar la soledad y emprender un camino oscuro e incierto con un simple "sí", sin entender implicaciones y detalles, costos y sacrificios... Hoy pido solo que se alce mi voz muda, que se griten mis palabras por los cielos pues a nadie puedo decir nada. Me he quedado sola y tartamudeando estupideces. Al fin y al cabo, nadie habrá de contestar. Aquellos ensayos y errores busco acabar esta noche con un par de cervezas o un poco más, pero el punto y la finalidad es ensombrecer las dudas y las emociones, buscar la respuesta a la pregunta aquella implícita en este texto que solo ella sabrá darme, pero en caso de que nunca la tenga, habrá siempre un repuesto bajo mi almohada aunque quizás me tarde encontrándolo, ha sido bien escurridizo hasta ahora, pero me devolvió los valores y los significados mismos de la vida, y por ella, por eso mismo, es que me encuentro acá encerrada. Hoy me despido con lágrimas inclementes e insaciables brotando de mis ojos desviados y confusos. Me despido para dormir un poco y evitarme charlas mentales que acaban por enloquecerme de a pocos cada vez más y evitar sacar conclusiones innecesarias a razonamientos inválidos que a penas y conozco. Juro, no a ella ni a ustedes, sino a mí, tener la voluntad y la decisión de hacer las cosas bien aunque me cueste la vida y un poco más. Me decido a callar y a golpear a la nada cada que me sienta tentada a interferir en donde no he sido llamada nunca. Me decido entonces, a escapar a ese lugar donde todos me pueden encontrar y desenredar allí tantas marañas y patrañas inequívocas de aquellos quienes llegaron y llegarán a amar.

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